Ricardo La Volpe
Gracias a Banfield tuve un nombre, nací y crecí ahí, me formé, me identifico con los colores. Si Menotti me llevó a la Selección en el 75 cuando jugaba en el club, me citó con Baley y Ardiles para jugar en el Interior, no fue cuando estaba en San Lorenzo. Cuando el domingo salió campeón, el primer recuerdo que se me vino fue el de mi papá Antonio, que me llevaba a la cancha a los 5, 6 años.Nos poníamos detrás de un arco… El era tan hincha que alguna vez rompió el carnet de socio. Siempre nos veíamos lejos de vivir algo así, la última vez que habíamos estado cerca había sido en el 51 y el 75, por eso semejante alegría. Había gente que ni pensaba en llegar alguna vez a esto. Me imagino a mi viejo, a los Valentín Suárez, los Ferretti, y a tantos otros … Todos, todos somos Banfield y Dios quiera que los de arriba estén felices”.
No parece él. Pero sí, es él. Es Ricardo La Volpe, sensible, algo emocionado al hablar, al contarle a Olé cómo vivió este título como hincha. El ex técnico que aquí dirigió a Boca y a Vélez y que llegó el jueves a Buenos Aires, cuenta que prefirió ver todo por televisión “porque no quería ser protagonista ni figura, no lo soy. Pero esto no deja de ser un sentimiento de toda la vida, algo familiar. Yo salí de Banfield; y te decía, me formé como jugador, fui a la escuela con el hermano mayor de Portell, el presidente. Así que este título lo disfruto mucho por dentro. El club está bárbaro, con una cancha mejorada, con un gran complejo, con la concentración en el estadio”. El Bigotón, como lo bautizó Basile en el 2005, se larga a hablar a pura emoción del club de sus amores.
-¿Seguís teniendo tu casa allá en el barrio, pese a que vivís en Puerto Madero?
-Ja ja…, claro que sí, cómo no la voy a tener. Siempre hay alguien ahí, quedate tranquilo. Eso no se toca.
-Bueno, sabés que Falcioni por fin consiguió que un ex arquero fuera campeón como técnico en la Argentina …
-Sí, sí, por suerte, y se lo agradezco, lo felicito. Lo sabía porque me acuerdo de que cuando yo estaba por salir campeón se hablaba de eso, y se decía que los ex arqueros no sabíamos de fútbol. Claro que ése es un mito que no comparto, aunque al principio yo no era arquero. ¡Preguntale a Portell, que me vio de chico! Yo jugaba de 9 y un día me mandaron al arco…
-¿Qué te gustó del equipo de Falcioni?
-Que no dependía de ningún jugador. Fue muy inteligente, tuvo una disciplina táctica. Atención, siempre hay que tener suerte de campeón, arrancar bien, lograr un par de resultados. Bustos fue un relojito, y me sorprendió Erviti haciendo el sacrificio táctico tirándose atrás entre los volantes. Silva anduvo bárbaro metiendo un montón de goles, yo lo había llevado de Gimnasia a Vélez. El equipo tuvo un técnico inteligente que aprovechó el envión del inicio del torneo. Fue campeón con 41 puntos y yo lo perdí con 44; fue increíble, todavía hoy recuerdo esa fatalidad (es algo que repite solo, una espina clavada que nunca se sacará). Pasó el tiempo y sigo viendo eso. Hoy los grandes ya no existen por la venta de jugadores, porque no se arman equipos y entonces ya no hay más un Bochini, un Alonso… Por algo ni uno fue a la Libertadores, se emparejó todo, y mucho más con los torneos cortos.
-¿Sufriste mucho en la última fecha?
-No, sabía que en esas instancias Banfield sería campeón, así como sabía que es difícil jugar en la Bombonera. Estaba convencido, se nos iba a dar.
-¿Tu sueño sería ser campeón en Banfield como técnico, como le pasó a Falcioni?
-En lo sentimental sí, pero sería imposible, es difícil dirigir en un lugar donde te conocen mucho. Pasa con otros, como Flotta y Carrascosa, que merecen estar alguna vez ahí. Yo prefiero seguir ligado pero viviendo otras cosas, la pizza con los amigos en un bar… Nací acá y voy a morir siendo del barrio.
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Eduardo Castiglione – Clarín
Para cerrar el círculo del éxito, como sucede casi siempre, esta vez también hubo de todo. En Banfield se construyó un buen equipo, sólido por donde se lo mire, pero jamás le faltaron las individualidades imprescindibles para darle variedad de tonos a esa estructura homogénea que mostró en el Apertura. Este campeón debutante se armó desde atrás hacia adelante. Sin dudas. A partir de un arquero nacido y criado en el club, Cristian Lucchetti, que debutó en Primera a fines del 96 (justamente ante Boca), de la mano de un hombre bien de la casa como fue, es y será el Gallego Oscar López. En cuando partió Cristian Nasuti al fútbol de Grecia, Falcioni no dudó: convenció a Sebastián Méndez, ese defensor central que supo dar vueltas olímpicas con Vélez y San Lorenzo, para que se mudara al sur para ser campeón otra vez y anunciar en la misma Bombonera que a partir de hoy, su vida de deportista ya es parte del pasado. Méndez y Víctor López armaron una dupla de zagueros centrales con capacidad aérea en las dos áreas y el oficio imprescindible para sacar al equipo cuando metía la cola demasiado cerca de su arco.
Con Barraza o Ladino y Bustamante se completó esa línea de cuatro que sólo varió a defensa con tres cuando, de vez en cuando, hubo que agregar gente en otro sector cercano al arco de enfrente. La mitad de la cancha fue también un sector decisivo para que el Taladro grite campeón por primera vez. Conformado por un doble cinco de Maximilano Bustos (reemplazado por Roberto Battión debido a una lesión) más Walter Erviti, ese zurdo que casi siempre marcó los tiempos de cómo había que atacar, que tuvo el temple necesario para manejar los tiempos de presiones y que, de yapa, transformó en reconocimiento y afecto aquellos días de insultos y fastidio con que lo hostigaban la platea y la popular también. Marcelo Quinteros, de generoso ida y vuelta, y esa joyita colombiana que es James Rodríguez (pibito de la categoría 91, nacido en Cúcuta) completaron el cuarteto de volantes, aportantes de equilibrio y construcción en el 4-4-2, el módulo táctico que eligió el DT para ser campeón.
Y arriba, el Pelado Santiago Silva, el goleador del campeonato, que llegó a Banfield, después de pasar por Gimnasia, Newell´s y Vélez, para ser campeón. Ese punta tremendo, que todavía no entró en la consideración de Oscar Tabárez para jugar el Mundial de Sudáfrica 2010, convirtió goles de todos los colores, muchos de ellos de inapreciable valor en jornadas decisivas. Junto con Silva atacó casi siempre otro uruguayo: el Papelito Fernández, un diminuto mediapunta que se complementó a la perfección con su compatriota. También apareció como opción Cristian García, otro producto de las Inferiores, quien tuvo su noche de gloria frente a Vélez, cuando resolvió en un suspiro ese juego que venía de nalgas. Jugadores al margen, tuvo un líder férreo y de enorme rodaje en la conducción de grupos, como es Julio César Falcioni. Portando esa permanente imagen de feroz bullterrier, Falcioni administró a la perfección fortalezas y debilidades.
Con la misma capacidad subrayó virtudes y disimuló las falencias. Pero hubo también un cuerpo técnico capacitado y creativo, integrado por Gustavo Otero, un preparador físico de larga experiencia; dos ayudantes de campo como Javier Sanguinetti y Néstor Píccoli y un entrenador de arqueros llamado Néstor Lotártaro. Banfield se recibió de campeón. Alguna vez se le iba a dar. Ahora sí pueden gritar que más vale tarde que nunca. Y si el cetro llegó, como parece, en el mejor momento de la historia de la institución, hasta resulta simple entender que es el primero pero no el último.
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Juan Pablo Varsky – La Nación
En junio de 2005, Julio Falcioni soñaba con salir campeón en la Bombonera. Después de una impresionante campaña con Banfield, que incluyó los cuartos de final de la Libertadores 05, Boca Juniors lo había elegido para el cargo de entrenador. La temporada del Xentenario había sido un fiasco. Los dirigentes querían un DT con fuerte personalidad para poner en caja a un plantel aburguesado, que se había cargado a Miguel Brindisi y a Chino Benítez. Y él era el elegido. Ya había acordado las condiciones económicas y profesionales con el vicepresidente Pedro Pompilio. Sólo faltaba la firma del contrato, pero apareció Maradona, con quien ya había protagonizado un episodio importante en su carrera. En 1980, le había atajado dos penales en el mismo partido, un Vélez 1-Argentinos 0. Veinticinco años después, Diego se vistió de verdugo. Como flamante responsable del fútbol profesional del club, puso condiciones y un límite: “Mi técnico es Basile. Si viene Falcioni, me vuelvo a mi palco”. Lo dijo por Fox Sports durante la transmisión de Argentina-Colombia por el Mundial Juvenil de Holanda. Yo fui testigo, diría Arturo Bonín. Esa misma tarde, Julio iba a ser presentado como entrenador de Boca. Días después, Coco dio su primera conferencia de prensa en la Bombonera.
Pero el candidato original no tardó mucho tiempo en conseguir trabajo. Fue contratado por Independiente con el objetivo de clasificarse para la Copa Libertadores. Aún sufría pesadillas por aquella jugada de Diego Ceballos en el Monumental. La recuerdan, ¿no? Cuartos de final, Banfield 2-River 3. Tras el 1 a 1 en la ida, si Ceballos hubiera acertado ese toque sencillo, el Taladro habría eliminado al millonario. Pero el delantero falló y ahí terminó ese notable ciclo 2003-2005. El equipo presentó jugadores como Bilos, Palacio, Dátolo, Paletta, San Martín, Sanguinetti y el inolvidable José Luis “Garrafa” Sánchez, fallecido en enero de 2006 después de un choque con su moto. Mientras el club confiaba en Carlos Leeb, Julio asumía en el Rojo. Volvieron a verse en octubre de aquel 2005. Banfield e Independiente empataron 2 a 2, pero la noticia más importante pasó por la fría recepción del público hacia el entrenador. Entre la indiferencia y algunos silbidos, solamente una bandera expresó gratitud: “¡Bienvenido Emperador, ésta es tu casa!”. Había terminado en pésima relación con Carlos Portell, un presidente de manejo personalista que con frecuencia cree ser el dueño del club. En el poder desde 1998, sus malas administraciones (seis balances negativos en sus primeros siete años de gestión) casi lo sacan del cargo en las elecciones de octubre de 2008. Le ganó por apenas 24 votos al candidato opositor Eduardo Spinosa. En abril de este año, la barra brava copó el club y tuvo una activa participación en la Asamblea que aprobó la última memoria y balance. Los dirigentes opositores temen que el Banfield de Portell se parezca al Newell’s de Eduardo López, por la estrecha relación entre los barras y el presidente.
Este club es mucho más grande e importante que sus actuales autoridades. Fue fundado en 1896, durante una concurrida reunión de los residentes británicos de la ciudad. Apellidos como Woodwell, Morgan, Burton y Chamberlain quedan en la historia. Eran los tiempos del crecimiento del ferrocarril, con estaciones de trenes hacia La Plata y hacia el suroeste de la provincia. Avellaneda, Lanús, Remedios de Escalada, Banfield, Lomas de Zamora, Temperley y más allá… Inauguró su cancha en 1930 y, al año siguiente, fue uno de los invitados para fundar el profesionalismo. Sus dirigentes creyeron que el fútbol rentado no tendría futuro y el equipo jugó torneos amateurs durante unos años. Finalmente, en 1939 ascendió a la primera división. En su imprescindible libro El nacimiento de una pasión, Alejandro Fabbri rescata el origen del apodo “El Taladro”. A principios de los cuarenta, el diario filo-nazi El Pampero tituló en su sección deportes: “Banfield, el Taladro de Sud, se apresta a agujerear a Gimnasia…”. El periodista José Luis Navarro, jefe de la sección, insistió en usar esas palabras y el apodo se instaló para siempre. Evita quiso ver campeón a ese equipazo del 51, pero Mario Boyé tuvo otros planes y le dio el tricampeonato a Racing. Descendió en 1954, volvió en 1962, se fue a la B en 1972 y subió al año siguiente. En la temporada 92-93, le ganó una final para el infarto a Colón para regresar a la máxima categoría. Vive en la elite desde 2001. Pero su lugar corrió peligro en la temporada pasada por culpa de su bajo promedio. Después de la salida de Falcioni en 2005, había tenido un solo buen campeonato: el Apertura 2007, ganado por… Lanús, su clásico rival. Carlos Leeb, Raúl Wensel, Pablo Sánchez, Luis Jerez, Juan Manuel Llop y Jorge Burruchaga desfilaron por el banco hasta que en marzo de 2009, Falcioni y Portell dejaron de lado sus diferencias personales y pusieron al club por encima de todo.
A Banfield le había ido mal sin Falcioni y a Falcioni le había ido mal sin Banfield. Su experiencia en Independiente duró una sola temporada. A pesar de contar con Ustari y con Agüero, no pudo clasificarse para las copas y Comparada no le renovó el contrato. En la sexta fecha del Apertura 2006, asumió en Colón. No pasó nada. En agosto de 2007, tomó Gimnasia y Esgrima La Plata. Se fue a fin de ese mismo año.
Segundas partes nunca fueron buenas, dice un refrán de dudosa reputación. El 4 de abril de 2009, Falcioni volvió a sentarse en el banco de Banfield. Su equipo perdió por 2 a 1 ante el campeón del certamen, Vélez Sarsfield. En la primera formación del ciclo, aparecieron Lucchetti, Barraza, Víctor López, Bustamante, Erviti y Silva. Durante el partido, ingresaron el colombiano James Rodríguez y el uruguayo Sebastián Fernández. Aquí ya tenemos ocho titulares. Esa noche también jugó Maxi Bustos, baluarte de esta campaña hasta que se lastimó. Una goleada ante Independiente certificó la permanencia en primera. Con una sensata política de compras, suplió sus bajas. Méndez reemplazó a Nasuti en la defensa y Quinteros ocupó el lugar de Bertolo en el centro del campo. Sumó a Battión para reforzar la mitad de la cancha, pero ya había armado la base en el torneo anterior. Se hizo fuerte desde la intensidad defensiva y el orden.
Cada uno siempre supo lo que tenía que hacer dentro de la cancha. Explotaron los uruguayos Silva y Fernández. Erviti le dejó el costado izquierdo a Rodríguez y mostró su calidad para manejar al equipo desde el centro. A punto de retirarse después de su paso por San Lorenzo, Méndez volvió a disfrutar del fútbol y se dio cuenta de que él no era el problema. Señores, este equipo, cuyo todo fue más que la suma de sus partes, tiene el título que se merecía. Falcioni los convenció a todos de su idea y de su ejecución. Recibido de periodista en la década del noventa, planificó el escándalo mediático previo al partido frente a Boca para desviar la atención y quitarles presión a sus futbolistas. No es la primera vez que vuelca con sus palabras. “Falcioni juega la Copa y Griguol está en Gimnasia”, dijo en junio de 1999, cuando se clasificaba con Vélez para la Libertadores y se mencionaba a Timoteo como su sucesor en el Fortín. Antes del ya famoso duelo de vuelta contra River por la Libertadores 2005, instaló una sospecha sobre el árbitro Brazenas, porque tenía un hermano trabajando en el área de seguridad de River.
No necesita de estas declaraciones. Le quitan grandeza a su muy buen currículum. Es el entrenador del Banfield que reescribe la historia del club. Es el primer arquero que termina ganando un título como DT en la máxima categoría del fútbol argentino. Le pone una faja de clausura al “y… qué querés, es arquero”, frase modelo Maradona. En su duelo personal con el Pelusa más famoso, acaba de atajarle el tercer penal. El tierno abuelo, antes celoso padre, cierra su propio círculo. Cuatro años y medio después, Julio Falcioni cumplió su sueño y al final salió campeón en la Bombonera.
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Daniel Arcucci – La Nación
Hay que remontarse a la temporada 2005/2006 para encontrarse con el último bicampeón del fútbol argentino, cuando Boca se consagró en el Apertura que cierra un año y el Clausura que abre el otro. A partir de allí, se alternaron los campeones, sin repetir y sin soplar: Estudiantes, San Lorenzo, Lanús, River, Boca, Vélez y ahora este Banfield que golpea a las puertas del Club de los Fuertes, ubicado en la vereda de enfrente del Club de los Grandes, presentando las mismas credenciales de los que ya lo integran: trabajo de base, sobriedad, identidad…
Y no hay que remontarse tanto, porque todavía está fresco el recuerdo, para encontrarse con la fecha-final del pasado torneo, en la que el Vélez de Gareca le arrebató el festejo al Huracán de Cappa en el último suspiro. En aquel momento, en medio de la polémica y del escándalo, pero sin perder de vista una objetiva escala de merecimientos, se escribió: “¿Qué pretendíamos? ¿Una final así nomás? ¿Un campeón y punto?”
Ahora, frente a este Banfield que se consagra campeón con el corazón en el mano, perdiendo en la Bombonera y pendiente de la derrota de Newell’s en el Parque Independencia, vale una reflexión similar.
Son tiempos, éstos, de fútbol emocional, en los que se llora en las tribunas por alegría o por tristeza como nunca antes, porque así se vive este juego. Y son esas lágrimas de los hinchas las que borran todo lo que pueda escribirse desde lo racional, si es que en el fútbol hay razón.
Con lo que haya o con lo que quede de ella, en todo caso, hay que escribir que Banfield es campeón, legítimo campeón, porque ganó más partidos que nadie y perdió menos que ninguno. Que tuvo un arco casi blindado, difícil de batir (11 goles en contra), y un goleador implacable, como Silva (14 gritos). Que hizo de la solidez su arma y de la regularidad su estilo, moldeándose en la humildad que une y estimula. Que se ganó su título con nobleza, en definitiva. Que no se lo robó a nadie… aunque tampoco nadie quiso robárselo.
Y es en este punto cuando las lágrimas de la pasión –comprensibles, históricas– empiezan a borronear lo que uno –fríamente, tal vez inoportunamente– pueda seguir escribiendo. Que fueron los propios protagonistas los que le escamotearon una pizca de grandeza al logro, antes de la puntada final, apelando a una victimización innecesaria e incomprensible. Que el fútbol argentino deberá replantearse si este sistema de torneos, que evidentemente elevan la competitividad, también hace lo mismo con la calidad. Que los clubes grandes deberán tomar nota de lo que pasa…
Las lágrimas de los hinchas y de los protagonistas, de emoción y felicidad por el primer título de un club de barrio y centenario, borronean el párrafo anterior. Y está bien. No es momento de pensar en eso, ahora. Es momento de saludar a un campeón.
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Christian Leblebidjian – La Nación
Banfield fue el mejor del Apertura. Dio una imagen más sólida como equipo que Newell’s. Identidad y equilibrio son los mejores elogios que se le pueden dar. Todos saben cómo juega, pero es difícil ganarle. Como los últimos campeones, todavía es un buen equipo. El tiempo dirá si puede crecer, potenciarse, confirmar.
Falcioni, a diferencia de otras veces, armó el equipo de adelante para atrás. Supo que debía afianzar a los delanteros Sebastián Fernández y Santiago Silva, al mismo tiempo que la pareja James Rodríguez y Erviti iba a complementar explosión y la movilidad. Lo de Erviti fue mérito doble, ya que era muy resistido por los hinchas del Taladro, mientras que James era suplente con Burruchaga. Teniendo cuatro de los once componentes, había que evaluar de qué forma rodearlos. Convenció a Méndez para sumarse como el líder de la defensa junto con Víctor López, y ubicó como laterales a Barraza y Bustamante, que no sólo marcan, sino que también se proyectan y ganan en el juego aéreo. Quinteros cumplió el rol de volante mixto por la derecha y Battión reemplazó con criterio como tapón a Bustos cuando se lesionó. Todo dentro de un esquema 4-4-2 simétrico en líneas, características y responsabilidades.
El lema fue atacar, aunque sin desarmarse, pero buscando más que el rival. Por eso apenas frente a Central (en Rosario) y Colón (en Santa Fe) estuvo abajo en la medición de llegadas al arco contrario, en dos empates 0 a 0.
Fernández y Silva fueron los Guillermo y Palermo del Boca bicampeón 98/99 en entendimiento y desequilibrio. Silva anotó 14 goles y aportó 3 asistencias, mientras que Fernández sumó 3 tantos y lideró el ranking de asistencias, con 5 (lo siguió Erviti, con 4 pases-gol).
Barraza envió varios centros para los goles de Silva y Fernández, mientras que Bustamante fue clave en el gol del N° 9 a Huracán ganando el primer cabezazo tras el córner de James. El equilibrio del equipo se vio también en las variantes con que contó para marcar los goles. De las 25 conquistas 8 fueron de jugada colectiva (2 de ellas de cabeza), 5 desde fuera del área, 4 de contraataque, 4 de pelota parada (2 de cabeza), 3 de penal y una en contra (Mareque, de Independiente).
La defensa fue otro punto fuerte. Lucchetti tuvo la valla menos vencida (11) y los rivales le generaron apenas un promedio de 6,1 llegadas por partido. No sólo eso. No fue casualidad que, ante una última línea bien cerrada, 4 de los 11 tantos recibidos fueran con remates desde fuera del área.
Falcioni administró al máximo un plantel corto. El equipo salió de memoria y utilizó 22 futbolistas, pero, del recambio (además de Battión), sólo Cristian García resultó decisivo por sus goles a Vélez.
Para el final, una duda. El miércoles 9, Newell’s ya le había ganado a Gimnasia en La Plata. Faltaban 6 minutos y Banfield empujaba con fuerza, pero no podía quebrar el cero ante Tigre. Falcioni ya había puesto a Marchant por Quinteros y a Pio por James. Con la igualdad, Banfield quedaba igual que el equipo de Sensini (con 39 puntos) y con un partido por jugarse, aunque los delanteros Salmerón y García seguían en el banco. Contra un Tigre ultradefensivo que nunca cruzó la mitad de cancha… ¿La noche no le exigía más audacia al líder? Ni se tocó el tema porque Víctor López metió la cabeza y fue, ni más ni menos, el gol del campeonato.
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Elio Rossi – www.eliorossidigital.com
Ha ganado Banfield.
Aún perdiendo, ganó.
Ganó porque se cansó de ganar a lo largo del campeonato.
Hizo falta que pasaran 16 fechas para sufrir el primer traspié a manos del inconcebible Racing.
Tuvo la valla menos vencida.
O sea, la mejor defensa.
Tuvo al goleador: el dolape Silva (les hizo goles a casi todos y para todos los gustos).
Tuvo a jugadores de pié exquisito como el tal James Rodrigues y Walter Erviti y tuvo hombres hechos y derechos para aguantar el chubasco de los momentos límites, como el Gallego Méndez (que había abandonado el fútbol antes de sumarse al proyecto Falcioni-Banfield.
Quedó una vez más al desnudo que lo más importante es ganar.
No digo lo único: digo, lo más importante.
Porque todo lo demás, todo lo otro forma parte de la absoluta subjetividad.
Que aquel jugaba mejor; que éste tiene mejor arquero; que aquel otro tiene un cinco exquisito y éste un Picapiedra.
Que el técnico es “defensivo” y el otro “ofensivo”.
Cháchara.
Vayan los abanderados del llanto a explicarle al Planeta Banfield que éste equipo “no gusta” o “no brilla”.
Serán enviados con toda razón a la mismísima merde.
Y estarán en su derecho los simpatizantes del equipo del Sur.
Quédense, en todo caso, con vuestro gusto.
Pero no intenten imponerlo sobre todos los demás.
El blog sugiere ver “El gusto de los otros”, de Agnes Jaoui, por estos días en cartel en Buenos Aires con otra petit-maravilla “Háblame de la lluvia”.
Falcioni ganó.
Y tuvo su orgasmo.
El otro perdió y llorará de aquí a la eternidad por su coitus interruptus.
Los dos (Banfield y los otros, Falcioni y el otro, los jugadores de ambos), se pegaron tremendo “cagazo”, diría el inefable Hugo Gatti.
El CEO del Madrid, o sea, el hombre de derechas Jorge Valdano, sería más elegante con su pluma de izquierdas: “pánico escénico”, diría él.
Ñuls y Banfield se pegaron, insisto, flor de susto en la instancia final.
Los dos perdieron, pero Banfield, a la larga, fue por lejos el mejor.
Chapeau Falcioni.
Chapeau Banfield.
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Julio Marini – Clarín
Los equipos grandes viene devaluados en los últimos tiempos. Tanto en los torneos locales como en los internacionales que disputan. Los equipos grandes, por estos tiempos cuestionados por muchos en esa denominación ya que es la hora de los chicos crecidos institucionalmente y deportivamente; andan de capa caída. Es verdad. Tanto como que se los llama grandes por el pasado, por la historia, y porque de alguna manera son (también por esas cuestiones) “nacionales”. Se encuentran hinchas suyos (si bien hay amplia mayoría de Boca y de River) en todos los rincones de la Argentina.
Los grandes se achicaron mucho, sí. Pero el fútbol entre sus infinitas verdades, muchas de las cuales parecen anacrónicas frases hechas salidas del pasado más lejano, acuñó sentencias que en cualquier momento cobran vigencia.
Por ejemplo, esa que dice que si un equipo chico depende de ganarle a un grande para conseguir la gloria, está complicado. Le ocurrió a Banfield, que debía ir a la Bombonera ante un Boca errático. Y se llevó una derrota inapelable ante un equipo que le puso su chapa y si bien no achicó la fiesta del campeón, desnudó muchas de sus falencias a pesar de sus llamativos 41 puntos finales. Por eso una coronación como la de Banfield, con derrota y por la caída de su persegudor, especialmente, su gente la festejó como si hubiera llegado de la mano de una goleada.
También le ocurró a Newell’s, que jugaba en su casa y ante un San lorenzo que venía de golpe en golpe, pero en contra. Y no pudo tampoco contra un grande y desperdició la gran chance que le “ofrecía” Boca. Lo de Newell’s además tiene el plus de su falta de carácter de local (ahí perdió 8 de sus últimos 9 puntos).
La otra verdad del fútbol es que cuando llega el momento de dejar de hablar y jugar, muchos quedan desnudos de toda seriedad. ¿Dónde quedaron los fantasmas que vio Falcioni en los arbitrajes? En la sanata. ¿Dónde quedaron las “súplicas” de los jugadores de Newell’s pidiendo una ayuda de Boca? En la sanata.
Como siempre, el mejor salió campeón. A algunos les gustará como juega y a otros no. Y ambos tendrán razón. Pero nadie puede discutir que su éxito es merecido. Nadie.
La coronación de Banfield es inobjetable y la frustración de Newell’s, igual. El fútbol manda.
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Walter Vargas – Olé
Banfield fue fundado en 1896 para sobresalir en el cricket, pero a poco de refundarse y devenir club de fútbol, en el fútbol pisó fuerte. Así lo atestigua el título de Segunda División ganado en 1899. Banfield, para que sepan legos, desmemoriados y despistados, goza de un privilegio extraordinario, pero extraordinario en el más profundo sentido del término: de todos los clubes que hoy constan en la AFA es el único que dio una vuelta olímpica en el siglo XIX.
Banfield, british en sus orígenes, fue macerando su mixtura y, si cabe, su criollez, con apreciables dosis de paciencia y de coraje. Y esto supone, desde luego, etapas prósperas y de las otras, mojones virtuosos y no tanto, cumbres, subsuelos, tropezones, renaceres, desencantos. Por ejemplo, el malogrado torneo de 1951, que se clavó en el alma del Taladro como una sideral deuda que la historia demoró casi seis décadas en zanjar. Que conste, eso sí, al modo de una urgente petición de principios, que para que la omnipresente señora Historia se dignara aplicar su ley de las compensaciones, Banfield aportó duro y parejo en términos de perseverancia. De allí la flamante recompensa en una geografía futbolera, como la de Argentina, que como muy pocas es capaz de arropar los anhelos de los menos poderosos. Tal vez abrumados por las cosas que están mal, que son unas cuantas, solemos omitir esa brisa fresca que en 1967 inauguró Estudiantes de La Plata y que más allá de lustros o décadas regresivas ha sabido y sabe de anticuerpos.
De ese manantial, pues, hoy bebe Banfield, el valeroso y jubiloso Banfield al que como es justo y debido le damos la bienvenida al podio mayor. ¡Salute campeón!
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Horacio Pagani – Clarín
Nadie tiene la fórmula exacta para llegar al título de campeón. Los intentos aportan argumentos dispares. Pero, al cabo, casi siempre arriban a la consagración aquellos que cosecharon méritos reales. Es cierto, los torneos de 19 fechas tienen características diferentes a los largos, de ida y vuelta. Aquí tres triunfos consecutivos, en el momento justo, pueden proyectar un candidato de la misma manera que una cuenta inversa (tres caídas seguidas) suelen desterrar aspirantes. Algunos equipos arman su proyecto de menor a mayor con la intención de asomarse en la recta final. Otros ponen la carne en el asador de entrada para asegurarse un colchón por si tienen algún tropiezo arriba. Al cabo, son simples palabras. Porque el campeón es uno solo, y depende de sus virtudes y de la suerte para llegar a la cima del podio.
Julio Falcioni, un técnico con estilo propio, eligió para su Banfield una norma que siempre lo identificó: seguridad defensiva, antes que nada. Para eso requirió orden, sincronización y sacrificio. Las pruebas quedaron a la vista: 11 goles en contra en 19 partidos. El libreto se debe haber completado con un ejercicio de motivación para rescatar lo mejor de algunos integrantes clave. Un sector de los hinchas no lo quería a Walter Erviti. Lo ubicó un poco más atrás, le dio libertades. Y el ex San Lorenzo jugó un torneo excelente: con su zurda habilidosa de antes, pero con el concepto de juego que le dio la madurez. Santiago Silva era un goleador itinerante y desparejo. Lo designó para patear los penales en lugar de Lucchetti, el arquero. Le puso a un compatriota lúcido al lado, Sebastián Fernández. Silva fue el goleador del Apertura. Sebastián Méndez fue el líder de la defensa. Sólo el colombiano James Rodriguez le dio el toque juvenil a una formación de tipos hechos. Y el azar brindó una mano. El equipo salía de memoria porque soportó pocas lesiones. Y una sola expulsión (García suplantó a Fernández y le hizo dos goles a Vélez). Declinó en las últimas fechas, es cierto. Pero había elaborado cuatro triunfos fundamentales, consecutivos, a sus competidores directos: Estudiantes, San Lorenzo, Vélez, Independiente.
Sin alardes, a la medida de Falcioni, Banfield hizo lo justo para que se lo considere un campeón inobjetable.
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Ezequiel Fernández Moores – La Nación
El Alumni de los hermanos Brown fue campeón diez veces en once años, pero sigue discriminado. El Racing de Francisco Olazar, Alberto Ohaco y Juan Perinetti, “La Academia”, fue el primer equipo siete veces campeón de modo consecutivo y también sigue discriminado. Lo mismo le sucede al Boca cuatro veces campeón de Américo Tesoriere. Y al Huracán también cuatro veces campeón de Cesáreo Onzari y Guillermo “Filtrador” Stábile. Y al Gimnasia y Esgrima La Plata de Francisco Varallo campeón de 1929, único título en la historia del club. Venció 2-1 en la final a Boca ante unas 45.000 personas en el viejo estadio de River. ¿Qué habrán celebrado ese día sus 45.000 hinchas que fueron a la cancha, los cientos que se colgaron eufóricos en el tren que llevó a los jugadores a La Plata y los miles que festejaron hasta la madrugada? Celebraron haberse coronado campeones del fútbol argentino. Pero ellos también siguen discriminados. Más de cuatro décadas de fútbol amateur en la Argentina siguen siendo discriminadas.
Hay crónicas y estadísticas que comienzan a remediar el olvido, por supuesto, pero la mayor parte de los informes que saludan estos días al Banfield campeón podrían hacer creer que el fútbol en la Argentina comenzó en 1931, con el inicio del profesionalismo. Las cuatro décadas de fútbol amateur parecen reducidas a una anécdota. A recordar que Banfield fue fundado en 1896 por profesionales y por comerciantes ingleses y que debe su nombre al primer gerente de la empresa Gran Ferrocarril Sur. Trenes y fútbol iban de la mano y hablaban inglés en aquellos años, en los que primero se jugó al cricket. ¿Acaso el primer partido jugado en la Argentina, en 1867, muy cerca de donde hoy está el Planetario, no fue jugado por ciudadanos ingleses en una cancha prestada por el cricket? ¿Y acaso el Banfield campeón de segunda en 1899 no estaba formado por jugadores nacidos en Gran Bretaña, con la única excepción del capitán James Doods Watson, quien había nacido en Buenos Aires?
Los hermanos Brown del glorioso Alumni habían nacido en la Argentina, igual que su padre, Don Diego, un admirador de Bartolomé Mitre que solía hacer asados al plantel. Formaron el equipo más popular en sus tiempos, duplicaron en votos a Quilmes y a Belgrano. A diferencia de Lomas, cuyos jugadores eran nacidos en Gran Bretaña, Alumni tenía sólo un extranjero (Andrés Mack) cuando en 1906 logró el primer triunfo de un equipo argentino ante un combinado del exterior. Toda la prensa habló entonces de “histórico triunfo del fútbol argentino”. Los Brown y sus compañeros de Alumni fueron la base de las selecciones argentinas de aquellos años. En seis partidos, la selección alineó a ocho jugadores del club que había formado el escocés Alexander Watson Hutton, padre fundador del fútbol argentino. Desde Estudiantes de La Plata hasta Unión de Santa Fe, además de otros numerosos equipos, todos recuerdan hoy al Alumni de los Brown imitando en sus camisetas las rayas verticales rojas y blancas.
Es cierto, se jugaba con un reglamento que permitía, por ejemplo, la carga al arquero. “Y como final de un recio, supremo esfuerzo, entran al arco medio team de Alumni, varios hombres de Estudiantes y la pelota… El referee, Mr. Butterfield, señala el centro del field. Está empatado el partido”, dice una crónica de Alumni. cuna de campeones y escuela de hidalguía, el detallado libro de Ernesto Escobar Bavio, documento imprescindible para comprender esa época en la que también nació Banfield. El Racing campeón que vino luego nos resultó, acaso, más familiar. El fútbol había ganado la calle. Dejaba de ser patrimonio de las escuelas y de los clubes de élite de los británicos en Buenos Aires. Además, el fútbol de “la Academia” comenzó a delinear un juego distinto, más técnico y vistoso. Pero los Olazar y Perinetti de Racing, hijos de la nueva inmigración italiana y española, fueron tan campeones argentinos como los anglófilos hermanos Brown.
Hubo primeros campeonatos con muy pocos participantes, otros disminuidos por las divisiones institucionales, los equipos del interior sufrieron décadas de marginación y muchos torneos padecieron la organización precaria de los tiempos fundadores. Algunos episodios son inimaginables a ojos de hoy. Igual, quizá, que verían los antiguos hinchas estos campeonatos actuales de sólo 19 fechas, entre clubes de ingresos cada vez más desiguales, con árbitros cada vez más sospechados y con barras bravas que hasta obligan a sus equipos a perder. Cada campeonato fue hijo de su tiempo. Pero tuvo equipos, jugadores, árbitro y público. ¿Sólo porque no había dinero de por medio debemos seguir discriminando, entonces, a los grandes campeones de la era amateur? Dice Jorge Iwanczuk en la introducción de su formidable libro Historia del fútbol amateur de la Argentina . “¿Por qué si antes llenaron estadios con 40.000 espectadores y fueron grandes Racing, Boca, Independiente, San Lorenzo, Huracán, River…, y hasta hubo un campeonato mundial en el que salimos subcampeones con jugadores amateurs, empezar a contar la historia desde la mitad? Admiro a los pioneros… Disfruté descubriendo cómo de las barriadas populares, en los baldíos, iban surgiendo los clubes, se definían las camisetas y este juego fascinante convocaba voluntades amasando pasiones. Para reivindicar esos nombres, esas fechas memorables y legendarias y, sobre todo, para llenar ese vacío de información que tiende un velo de omisión sobre este pasado apasionante, escribí este libro.”
El Centro para la Investigación de la Historia del Fútbol (CIHF), integrado por periodistas y por historiadores del deporte, lucha desde hace tiempo para que no se sigan discriminando esos años. Uno de sus miembros, Diego Estévez, publicará en 2010 el libro Campeones del fútbol argentino 1891-2010. Tomó en cuenta todos los torneos oficiales en los que actuaron equipos argentinos, desde las Copas Europeo-Sudamericana y los campeonatos nacionales largos o cortos, amateurs o profesionales, hasta, por ejemplo, la vieja Copa Carlos Ibarguren que enfrentaba a los campeones de Rosario y de Buenos Aires o la nueva Suruga Bank, ganada en 2007, en Japón, por Arsenal, de Sarandí. Dio a cada una un puntaje según su nivel de importancia. Y a partir de allí elaboró un ranking, por puntos, de los clubes campeones. Boca Juniors (131 puntos), River Plate (110,75), Independiente (94,25), Racing (63) y San Lorenzo (40) ocupan los cinco primeros puestos y hacen honor a su condición de “cinco grandes del fútbol argentino”. El top ten coloca en séptimo lugar a Estudiantes de La Plata (35,75), octavo a Vélez Sársfield (30), noveno a Huracán (16) y décimo a Rosario Central (15,5), justo delante de Newell’s Old Boys (14,25). El sexto puesto pertenece a un equipo que no juega desde hace casi un siglo: Alumni (37 puntos). El otro gran equipo de aquellos años fundacionales (Lomas Athletic) ocupa el puesto 12, con 12,5 puntos. Alumni desplaza inclusive a San Lorenzo de los cinco grandes si se toma el número de títulos oficiales ganado por cada club, sin importar su valor. Boca lidera con 64 títulos y luego siguen River (53), Independiente (42), Racing (34), Alumni (22), San Lorenzo (20), Estudiantes (14), Vélez (12), Huracán (11) y Rosario Central (10), en los diez primeros puestos, según otro trabajo de Osvaldo Gorgazzi, también del CIHF. ¿Podemos seguir discriminando al gran Alumni? ¿No es hora de aceptar por igual a todos los campeones oficialmente reconocidos por la AFA? Si el rugby argentino se declarara mañana plenamente profesional, ¿ignoraría dentro de algunas décadas un siglo de vida? “Vi diez mil resultados, seis años en la hemeroteca copiando palotes y hoy siento orgullo cuando al menos en las historias de los clubes se menciona al amateurismo y me ponen como fuente”, me dice Iwanczuk, un contador fana de Independiente y que a los 59 años sigue jugando al fútbol.
Deslucido o no, Banfield es el nuevo campeón. Ganó en un campeonato discreto y de pálido final. “Si yo tuviera que decir porqué el fútbol es el deporte más atractivo, es porque no siempre ganan los poderosos”, dijo Marcelo Bielsa, hace unos días. “Los no poderosos –agregó– quisiéramos que nos avisen con tiempo cuando nos dan la oportunidad, así nos preparamos y la podemos aprovechar. Pero así no funciona el mundo, hay que estar preparados por si la oportunidad llega.” La crisis cada vez más aguda de los equipos grandes permite que en el fútbol argentino haya cada vez más oportunidades. Ahora le tocó al Banfield de Julio Falcioni. Simplemente, supo estar preparado.
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Roberto Martínez – El Mundo Deportivo (España)
Banfield es el nuevo campeón del fútbol argentino. Aunque ha perdido el último partido frente a Boca Juniors por 2-0, aunque se le ha puesto el cartelito de equipo aburrido y defensivo, Banfield es un merecido campeón. Es el equipo con el arco menos goleado (11 goles ha encajado el equipo que dirige Julio César Falcioni en 19 jornadas) y ha marcado 25 tantos para ser el 6º equipo con mayor cantidad de goles convertidos en el Torneo Apertura 2009.
La principal virtud de este equipo ha sido su humildad y el profundo conocimiento de sus limitaciones. Falcioni, en su anterior etapa como entrenador, le había clasificado para jugar las copas sudamericanas. Luego se fue para crecer como entrenador y el ‘Taladro’ perdió su guía. Pero el regreso al banquillo del estratega –quien en sus años de juventud fuera un excelente portero en Vélez Sársfield y el América de Cali colombiano- ha obrado como un revulsivo en el equipo verdiblanco del conurbano sur en el gran Buenos Aires. Banfield ahora alcanza la primera consagración de su historia. Con 41 puntos, un goleador tremendo en el uruguayo Santiago Silva y con un público sensacional que le apoya en cada partido.
Me acuerdo de Héctor, un pizzero amigo, fanático del ‘Taladro’ y del periodista Federico Winer, que reside en Catalunya y que seguramente debe tener la afonía del tipo feliz que grita el éxito de su equipo por más que sea a miles de kilómetros de distancia. Saludos para ellos y salud Banfield, que estarás celebrando a lo grande en tu estadio de Peña y Arenales.
Cuna de grandes jugadores (sin ir más lejos Javier Zanetti, hoy santo y seña del Inter de Milán, es un genuino producto de la cantera banfileña) y club al que le tengo un aprecio particular por ser el club que ayudó a crecer a Roberto Martínez, ex jugador del RCD Espanyol, el Real Madrid y la selección española. Mi Viejo. Fue Banfield su trampolín al fútbol europeo, al que llegó de la mano del gran presidente que fue Don Manuel Meler y el RCD Espanyol.
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Roberto Fernández – Crítica de la Argentina
¿Cómo restarle méritos a este Banfield Campeón por el único hecho de haber hocicado en los últimos metros? Veamos: antes de que le otorgaran el título post mórtem había estado muy vivo, muy despierto. Ganó 12 partidos, empató 5, llevaba uno solo perdido (así sumó dos) y reunía 41 puntos. Su contrincante en este mano a mano en canchas separadas por 300 kilómetros, al fin, está más muerto que él por estas horas. ¿Cómo cuestionarle la alegría a esos 4.500 fanas que gritaron hasta enronquecer allá en el tercer piso de la Bombonera? Es el primer campeonato en 113 años de vida, ¡caramba!
En esta pelea a 19 rounds, Banfield ganó por la suma de las tarjetas de los jurados, aunque tocó feo la lona en la última vuelta: apremiado por la circunstancias históricas, frío, atado por los nervios, desconocido, monótono, empecinado en meter una piña de nocaut, una piña que no llegó nunca y que a fuerza de ser repetida acabó por convertirse en caricia en la piel de un Boca light. Un Boca que jugó su partido: daba igual que enfrente hubiera once hombres anhelantes, vestidos de verde y blanco. Apenas un detalle. Su compromiso también era con la historia, con la historia grande de esa Bombonera que abrió sus puertas para asistir a la fiesta de un extraño.
A Banfield le costó una enormidad meterse en el cuerpo del campeón que quería ser. Arrancó perdiendo por culpa de un penal infantil cometido sin necesidad contra un rival, Nicolás Gaitán, apretado por la raya de fondo, sin compañeros cercanos en quienes apoyarse. Así y todo, Barraza se lo llevó puesto y dio lugar a que Martín Palermo destrabara su disparador después de ocho partidos y pico sin convertir. ¡Qué ironía! El episodio adverso pescó a los hinchas de Banfield en pleno festejo. Es que en Rosario, Fabián Bordagaray, vestido con la camiseta de San Lorenzo, acababa de aplicarle el primer balazo a las ilusiones de Newell’s. Desgracia ajena, alegría propia. Hasta hubo quienes, allá en el tercer piso, de espaldas al Riachuelo, despertaron recién cuando la hinchada de Boca gritó el gol de Palermo: zurdazo rasante, bajo, a la derecha de Lucchetti. Toda estaba como era entonces, antes de empezar; dos puntos de diferencia para el Taladro.
El equipo de Falcioni reaccionó pasada la media hora, porque Boca se replegó, casi como con respeto al drama de quienes estaban enfrente. Entonces, Erviti empezó a dibujar más cerca del arco de Abbondanzieri. Sin embargo, las escenas se repetían: centros en busca de un pleno a través de la cabeza de Santiago Silva. Pero la bola de la ruleta era esquiva. Lo fue siempre.
En el segundo tiempo todo resultó peor. El campeón que se resistía a serlo sufrió una distracción y Palermo, readaptado definitivamente a su condición de goleador tras la sequía, castigó otra vez la red visitante a los 14 minutos. ¿Qué hicimos para merecer esto?, se preguntaban los del tercer piso. Vino un alivio: San Lorenzo también se puso 2-0 arriba frente a Newell’s. El título era posible, al fin y al cabo.
El epílogo fue conmovedor, porque cantaron los unos y los otros. Banfield para festejar su primera vez. ¿Y Boca? Aburrido tal vez al tener que jugar por nada brindó un recital de afirmación bostera, casi sin una referencia al rival del día. Cantaron porque son hinchas de Boca. Y listo.
Como cierre, Banfield dio media vueltita olímpica, para no enojar a las fieras, y marchó hacia su cancha deseoso de celebrar en serio. Campeón no se sale todos los días. Este título demoró 113 años. No es poco.
El (no) gol del campeonato
Al final, el famoso gol del campeonato (o sea, el más decisivo) fue el de Víctor López ante Tigre. Pero ayer, cuando Banfield aún perdía 1-0 ante Boca, hubo una chance clara: Sebastián Fernández, solo ante Abbondanzieri, definió apenas desviado y se perdió la chance de haber anotado el gol del campeonato.
De Duhalde a Mariotto
Los festejos del primer campeonato de la historia de Banfield unieron a dos dirigentes políticos de orígenes y presentes muy distintos. El ex presidente Eduardo Duhalde, que lucha por erigir un candidato presidencial que le dispute a Néstor Kirchner la conducción del peronismo, y el titular del Comfer, Gabriel Mariotto, que vive su momento de gloria después de la reciente aprobación de la ley de medios en el Congreso de la Nación.
Duhalde no fue a la cancha de Boca –no acostumbra a seguir a su equipo de visitante–, pero vio el partido por televisión. En cambio, Mariotto estuvo en la platea junto a su padre, de 71 años, y su hijo de 12. Y buscó diferenciarse del ex presidente. “Yo soy un hombre de tablón y Duhalde va al palco. Además, estuve siempre en desacuerdo con los dirigentes que impulsó para conducir el club”.
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Ovación – La Capital de Rosario
No falta quien crea que el fútbol es un deporte y apuntan la atención y las cámaras a lo que pasa en las canchas. Pero, en las barriadas es donde se vive al fótbal, ese que tiene que ver con las historias de veredas, sueños colectivos y broncas. La calle Maipú descorchó un vino añejado durante 113 años. Un vinito resguardado que supo reposar en barricas de roble forjadas en los pechos de los más viejos, coraza que conservó el sabor e impidió merma alguna con la renovada muchachada criada con inadecuadas ilusiones.
No hay como el brindis con un vino patero, cultivado sin aditivos y sólo pisando, pateando o moliendo uvas crecidas en parrales de patios de tierra por tantas generaciones. El brindis y la borrachera envolvió a un gentío que conoce de transitar los rústicos fortines de los sábados del ascenso.
La Nochebuena y el Año Nuevo habían llegado el miércoles pasado a Banfield. La apuesta de todos estaba en el partido ante Tigre, donde las tribunas -como un templo pagano- cobijaron a los vecinos, aún a aquellos que sin ser hinchas de Banfield fueron para acompañar a sus pibes. Así fue como la misma barrabrava quedó acorralada y casi muda por la invasión de señoras de ahí a la vuelta, pibas y pibes de todas las esquinas y los jubilados que ya no tendrán que hablar del “robo del 51”. Los mismos que habían vivido los seis títulos de ascenso (1939, 1946, 1962, 1973, 1993 y 2001), y la participación en la Copa y la Sudamericana, en 2007.
Los abrazos de los vecinos en la vereda, el estruendo de cohetes, los bombos que vieron amanecer en la tranquila barriada y una comparsa que también anticipó al carnaval, recorrió calles adoquinadas y arboladas del suburbio alzado, como en un ensayo de lo que vendría el domingo, cuando se jugó más en Peña y Arenales que en la Bombonera. El fotbal es otra cosa y no llega a ser explotado porque atesora cuestiones ajenas al mercado. En club de barrios se brinda por otras cosas, está la memoria y vida. El pelado Silva era victoriado, pero en las banderas la imagen de “Garrafa” José Luis Sánchez y las miradas al cielo buscaban al recuerdo de esos otros que están en la tribuna del cielo y que merecían un festejo.
BANFIGASEÑO
Más de un rosarino ayer a la tarde miró sorprendido y luego aplaudió a un puñado de “hinchas exiliados” que con la verde y blanca salieron como si estuvieran en Gallo y Alsina. Son partes de una peña nacida en una parrilla rosarina en octubre de 1994. La agrupación se formó en entorno de Bernardo Brown, un banfileño radicado en Rosario hace años. “Besuzzo; Gualdoni y Fatecchi; Cuenta, Scavone y De Terá; Alvarez, Faffratti, Alcalde, Saenz y Silvera”, rezaba sin aquella noche como un rap del 42.
Mientras saludaban a los canallas unidos al festejo —por alguna cierta rivalidad con la lepra— y sin dejar de intentar aferrarse al planeta agitando un trapo verde y blanco, un banfileño lamentaba que sus hijos no pudieran festejar en el Parque un campeonato que los enfrentó casi sin querer.
Habrá que intentar comprender a esos vejetes y gurises de la Peña Banfileña Rosarina ya preparan un asado y por unos días molestarán a los rosarinos que tengan cerca cantándoles su hazaña. Pero de nada valdrá tirarles con algo, esgrimiendo un paravalancha de sentimientos hacen avalanchas y, hacia arriba.
Mariano sonreía el miércoles. El veinteañero se hizo fana de Garrafa y de Banfield. Recorrió el barrio para conocer a la patria que no conocía y de noche se abrazaba con desconocidos. En plena Maipú, cuando los bombos no podían callar, al grito de “Come gatos” se reencontraron con otros banfigaseño que habían llegado por una misión imposible. Los adultos que volvían al barrio, los jóvenes que no lo conocían y que por cosas de la vida se enamoraron de un color o un crack, caminaban Banfield de regreso a Rosario, palpitando un sueño ancestral. Lo otro está en el trabajo, la rígida defensa, en el reconocimiento a la delantera, en el eterno Luchetti y otros elementos que se pierden entre “quién juega mejor” y “quién tiene más lindo equipo”. Otra historia. No la de los abrazos entre vecinos, hinchas exiliados y el de una barriada brindando un sueño colectivo en las vereda de Maipú y Alsina o en Av Belgrano, cerquita del Monumento.
El título de Banfield lo catapultó a las páginas de la prensa especializada mundial
El primer campeonato histórico de Banfield en la máxima categoría del fútbol argentino dio la vuelta al mundo, y hoy apareció reflejado en los medios deportivos y generales más importantes del planeta.
El diario deportivo español Marca señaló que “pese a perder ante Boca Juniors, el equipo de la zona sur del Gran Buenos Aires conquistó el Torneo Apertura con dos puntos de ventaja sobre Newell’s Old Boys”.
“El conjunto que dirige Julio Falcioni consiguió el primer campeonato en sus 113 años de historia con doce victorias y cinco empates en las 19 jornadas de la competición, conquista que fue celebrada por unos 5.000 aficionados en La Bombonera y millares en las calles de la localidad de Banfield”, apuntó en otro párrafo.
En tanto, La Gazzetta dello Sport de Italia informó: “Título para Banfield en la Argentina, una fiesta después de 113 años”.
En su página de Internet se cuenta que “los hinchas del antiguo equipo de Javier Zanetti tuvieron que sufrir un 2-0 adverso en La Bombonera mientras escuchaban por radio la caída del rival directo por el título, Newell’s Old Boys, ante San Lorenzo”.
La prestigiosa revista France Football, en su sitio on line, también le dedicó un artículo a la hazaña del “Taladro”, haciendo hincapié que fue el “primer título profesional de Banfield, que coronó así la historia de un club fundado en 1896 por inmigrantes ingleses en las afueras de Buenos Aires”.
Por su parte, el diario Lance, el principal medio deportivo de Brasil, encabezó la noticia destacando que “Banfield perdió, pero conquistó su primer campeonato en la Argentina”, y que “San Lorenzo fue el garante del logro, inédito para el club”.
“Banfield contó con la suerte para llevarse el primer título argentino de su historia. El equipo fue derrotado por Boca Juniors (2-0) este domingo en La Bombonera, pero conquistó el Torneo Apertura gracias al tropezón de Newell’s Old Boys, que también peleaba por el cetro”, amplió Lance.
El Mercurio, el diario chileno de mayor tirada, tituló: “La hora más feliz de Banfield”.
“Pese a caer 2-0 ante Boca Juniors, la oncena de Julio César Falcioni logró el primer título del club albiverde en la máxima categoría. No fue la mejor forma de levantar la copa del Apertura trasandino, pero nada importó, porque Banfield se vio beneficiado con la derrota de su escolta, Newell’s Old Boys, por igual marcador como local ante San Lorenzo”, desarrolló El Mercurio.
Claro que uno de los medios extranjeros que más espacio le dedicó al acontecimiento fue El País, de Montevideo, por su identificación con la dupla ofensiva que conforman los uruguayos Sebastián Fernández y Santiago Silva.
“Así como lo había logrado hace unos años su rival de todas las horas, Lanús, el otro conjunto del sur de la provincia de Buenos Aires debió esperar 113 años para poder gritar campeón y dejar chocha a media barriada”, subrayó.
“Fernández y Silva formaron una dupla incontenible sobre las últimas fechas de la temporada anterior y explotaron durante este Apertura, llevando a Banfield a lo más alto y colocando la bandera uruguaya una vez más como sinónimo de ganador. Silva fue el goleador del torneo con 14 anotaciones y Fernández colaboró con 3, mas varias asistencias”, concluyó El País.
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Banfield: el reencuentro entre Juan José Pizzuti y Miguel Converti – Télam
La fiesta de Banfield continúa. Juan José Pizzuti, 82 años y Miguel Converti, 81, éste último radicado en Mendoza, se reencontraron después después de varios años en una entrevista con Télam. Evocaron la frustración del´51 e hicieron partícipe al hijo de Converti, otro destacado delantero banfileño a fines de los ´60.
En 1951 el “Taladro” llegó al desempate con Racing con mejor gol promedio en igualdad de puntos. Fue 0 a 0 y 1 a 0 para “La Academia”. Banfield se sacó la espina el domingo a 113 años de la fundación a cargo del administrador inglés Edward Banfield, ejecutivo a cargo de Ferrocariles (británicos) y luego de 58 años de la gran frustración ante la “Academia”.
Elogiaron al equipo de Julio Falcioni por su regularidad no obstante “el bajón, natural” dijeron, en las últimas fechas, en diálogo con Télam y en medio de los festejos que no cesan del legendario club del Sur. Converti viajó en avión el domingo mismo desde Mendoza, radicado hace 45 años, rodeado de hijos y nietos.
“Las virtudes del gran equipo que perdió la final con Racing en diciembre del ´51. Eran el equilibrio y un gran conductor dentro de la cancha, Eliseo Mouriño” subrayó Pizzuti. “Era Graneros, Fe-rretti, Bagnato, Capparelli, Mouriño, D´Angelo, Converti, José María Sánchez, Albella, Eduardo Moreno y Huarte”, evocó Converti.
Mouriño, luego gran figura en Boca Júniors y la selección nacional entre 1953 y 1960, falleció en un accidente aéreo, en la Cordillera chilena, en marzo del ´61. Los tres citados hicieron las inferiores en Banfield y llegaron juntos a la Primera en el 49.
Pizzuti alcanzó su mayor dimensión en Racing entre 1953 y 1962.
Converti, jugó en el Fluminense de Río de Janeiro en el´55 y más tarde en Rosario Central, está radicado en Mendoza desde el 63. Delantero rápido y de buen remate, el “Cholo” -como lo llaman- opinó que “el equipo de ´50 fue más vistoso”, en su sentencia. “Hoy, se juega distinto. Mucha defensa y contraataque”, sostuvo.
“Los números mandan”, dice Pizzuti. “Banfield, esta vez, fue ordenado en defensa y tuvo adelante dos delanteros uruguayos (por Santiago Silvia y Sebastián Fernández) que fueron decisivos. El primero hizo varios goles que significaron en cada caso los tres puntos”, puntualizó el “Maestro” consagrado en Racing.
“Newell´s también tiene un gran mérito. Los dos equipos “chicos” alcanzaron la mayor cantidad de puntos de su historia en torneos cortos”, disparó Pizzuti a los abrazos con el “Cholo” Converti en una confitería de Belgrano y Perú, de esta Capital.
“En 1951 pasé a River y me perdí la gran campaña” agregó. Reconoció que la base fue con Héctor Grisetti en el arco. “En el ´51 eran los mismos jugadores y mayor solidez. José María Sánchez, mí reemplazante, era muy bueno. Inteligente, habilidoso y buen remate de media distancia”, añadió el mítico José.
“Pizzuti hizo dos goles la tarde que Racing vino a dar la vuelta olímpica a la can-cha de Bánfield, faltando dos fechas en el ´50 y se fue con un 3 a 0 en contra y un baile bárbaro. José debe haber hecho casi 200 goles oficiales jugando como volante; era un fenómeno” recordó “Cholo” Converti desde Mendoza.
“Uno de los entrenadores fue Emilio Baldonedo, ídolo de Huracán en los años ´40. El gran Eliseo (por Mouriño) por su personalidad y capacidad para distribuir, manejó todo desde a-dentro”, puntualizó el legendario DT de Racing del ´66, célebre por “Y ya lo ve …y ya lo ve, es el equipo de José”
“La mayoría de los muchachos ya no están”, lamentó Converti. “Creo que que-damos tres o cuatro, sumando a “Tito” (por Pizzuti) con Capparelli y D´Angelo” como otros sobrevivientes del ´51, dijo Converti a la pregunta inevitable.
“Si bien Racing se transformó en el club de mis amores, Banfield fue donde me inicié y tuve la gran oportunidad de llegar a ser alguien. En el ´49 fui goleador junto con Llamil Simes y con 21 años me hice conocido”, recuerda Pizzuti. En enero el club nos reunirá a todos para la gran celebración”, se entusiasma
“Mendoza, un lugar entrañable, es mí lugar. Vine a dirigir en el ´63 con 36 años y cuando vieron jugar me hicieron titular, al tiempo que los dirigía. En el ´64 era entrenador de la selección mendocina, cuando se consagró Roque Avallay”, reseña Converti a Télam.
Pizzuti y Converti, la historia de Bánfield, les tiene reservado un lugar importante. La leyenda del triunfo de Racing, aquella vez, dejó el recuerdo de Mario Boyé,”Tucho” Méndez, Rubén Bravo, Simes y Sued, pero también una deuda “impaga” que el domingo el fútbol saldó como reseñó el “Cholito” Converti (Miguel Angel) que pasó por Bánfield, San Lorenzo, Chacarita, tras sendas escalas Perú y Colombia donde fue ídolo en los ´70.
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Arturo Jaimez Lucchetta – Cadena 3 Córdoba
“Antes pensaba que un buen hincha tenía que estar siempre cerca del equipo; sin embargo, hoy me doy cuenta que lo que importa es el sentimiento y para lo que siento no hay distancia” dice orgulloso Federico Winer, apasionado simpatizante de Banfield que no sale de la felicidad que le provocó el primer título de su amado “Taladro”.
Fede es periodista y nexo principal junto a su amigo “Vini” de unos trescientos fanáticos banfileños que viven en España. “Somos muy unidos y para asombro de varios somos muchos, porque como somos del mismo barrio cuando nos encontramos nos unimos y no nos separamos más”.
Cuando lo llamamos, Federico estaba, como buen Winer (aunque con una sola “N”), hecho un ganador: “Éramos quince porque como no lo dieron por la tele al partido tuvimos que repartirnos, pero lo seguimos por internet” dijo el periodista de Asociated Press un día más tarde de la consagración y con más tranquilidad que en la víspera.
“Tantas veces soñé con esto y se da cuando estoy a un océano de distancia. Siempre creí que iba a estar en Peña y Arenales el día que diéramos la vuelta olímpica, pero no importa, en estos tiempos hay que ser un agradecido por tener laburo, aquí en España hay mucha desocupación y tener trabajo es una bendición”, reflecciona Fede.
Oh Melancolía. A las acostumbradas nostalgias del emigrante, a Federico se le suma el deseo de darle un abrazo a todo el barrio. A los anónimos y a los famosos del Sur.
Julio Cortazar estará brindado con Garrafa Sánchez en el cielo por la vuelta del viejo y glorioso “Taladro”. Sandro quizás en su lucha por la vida habrá esbozado una sonrisa por la alegría de los ‘chachomu del riova’.
“Mi abuela fue a la escuela con Cortazar”, confiesa Federico cuando le recordamos que el autor de Rayuela también simpatizaba con el verde.
“¡Garrafa! era un grande el pelado y otro de los que me acuerdo es de Raúl Wensel (San Wensel) un ídolo para nosotros, aunque mucha gente no lo conozca. Y el Gitano, más allá que no lo haya reconocido públicamente, siempre se alegra por el club del barrio”, recuerda a las celebridades banfilenses, el hijo del viejo Winer.
Por ser un tipo joven, tal vez se le pasó Gustavo Albella, aquel goleador cordobés del Banfield subcampeón de 1951, pero no las figuras de las últimas décadas, hasta las de los tiempos del ascenso, donde guarda gratos recuerdos de enfrentamientos con Racing de Nueva Italia y Belgrano. Memoria selectiva que le dicen, porque del 0-4 del ”91 tiene amnesia total.
Pero no todo es el pretérito perfecto típico de un barrio donde todo tiempo pasado fue mejor. Más que nunca hoy hay que vivir el presente. Por eso la gratitud al padre de la criatura, Julio César Falcioni es infinita.
“Yo era un tanto escéptico porque siempre se nos había escapado, pero los muchachos de la peña le tenían mucha fe al equipo y a Falcioni, que es un capo” comenta Federico Winer sobre el final de la charla; y hace bien, porque el técnico tiene mucho que ver con las mieles del nuevo mileño.
Fue el propio Julio César el que llevó al equipo a la Sudamericana y a la Libertadores de 2004 y 2005 y ahora Lucchetti, Méndez, López, Rodríguez, Erviti, Silva y Fernández mediante acompañó al “Taladro” a su primer título en el fútbol grande.
Y junto al DT, la humildad de un equipo con más juego que figuras y una dirigencia que engrandeció la institución, Banfield le hizo honor a su apodo acuñado por el diario El Pampero luego de aquella gloriosa campaña de los cuarenta, cuando Florencio Sola trajo a Rafael Sanz, Eduardo Silvera, Juan Bautista Busuzzo, Alfredo De Terán y
Armando Farro.
Felicidades muchachos por la primera vuelta, estén en donde estén: en el cielo con Cortázar, en Europa con Federico y sus amigos o en Peña y Arenales.
Felicitaciones por el dolor de no haber sido y por la emoción de ahora ser.
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Carlos Bianchi – ESPN
Antes que nada quiero aclarar que soy de aquellos que respetan al que saca más puntos. Por eso no entiendo los cuestionamientos hacia Banfield, el nuevo campeón del fútbol argentino.
Una de sus principales virtudes, quizás la más importante, es que sabe a lo que juega. Tiene un estilo, que puede gustar o no, en el que trata de complicar primero al adversario para después tratar de ganarle. Podrá usar un 4-4-2 rígido, pero hizo bastantes goles y conservó la valla menos batida. Sin dudas merece respeto.
No es un conjunto de apretar mucho arriba. Deja venir al adversario y le cierra los circuitos. Si a uno no le hacen goles y siempre tiene la chance de anotar uno, va a terminar ganando. Su preocupación era que no le conviertan y adelante, cuando pasaba al ataque, tenía la posibilidad de anotar un gran porcentaje.
El convertir goles no significa necesariamente que uno tenga muchas situaciones de gol. Recuerdo siempre que la primera vez que salimos campeones con Vélez, en el Clausura ’93, anotamos 23 goles en 19 partidos. No es que aquel no era un equipo ofensivo, porque apretaba en todos los sectores y contaba con siete, ocho chances de gol por partido. Lo que ocurre es que no teníamos un goleador confirmado. No concretábamos las ocasiones.
Volviendo a Banfield, se puede decir que es un plantel que se fue formando de a poquito y el mérito hay que dárselo al técnico actual, que es el que más provecho le sacó a sus jugadores. Julio César Falcioni le dio su impronta, una personalidad, y logró complicarle la vida a todos. Ya tenía una historia en el club y eso le dio el respeto de la gente para poder aplicar sus pensamientos. Compartimos creo que seis meses en 1980, cuando llegué a Vélez. Es joven, tiene mucho tiempo para seguir y una linda apuesta como la Libertadores.
El campeón contó con el aporte fundamental de un Santiago Silva, que nunca había hecho tantos goles en un campeonato. El Taladro encontró a un goleador que hizo la nada despreciable suma de 14 tantos en 19 partidos. En Vélez fue un gran derrochador de ocasiones de gol. Jugaba con su compatriota Hernán Rodrigo López y parecía que estaban peleados con el arco. Parece que hizo falta que se separaran para que sean goleadores.
Está claro que en el Fortín no tuvo la suerte que tuvo en Banfield, donde demostró su gran cabezazo y ductilidad para pegarle bien con las dos piernas. En este Apertura le salieron todas. Un delantero con olfato y confianza, la misma que mostró otro grandote como Joaquín Boghossian, en el subcampeón Newell’s Old Boys.
También me gustaría dedicarle unas palabras a Sebastián Méndez, al que hicimos debutar en el ’94. Tiene una profesionalidad tremenda, un coraje bárbaro, una seriedad para jugar…es un chico muy humilde. Recuerdo que en sus inicios, después del entrenamiento, se ocupaba de la panadería de sus padres en Villa Luro. Fue siempre un chico muy centrado, muy equilibrado, aunque a veces en el campo no lo era tanto, jajaja. En definitiva, un ganador. Estoy muy contento por él y lamento que haya decidido retirarse. El consejo que le puedo dar, yo que nunca participé de una Libertadores, es que se tiene que dar el gusto de jugar la Copa. Entiendo que tiene problemas físicos y dar lástima en la cancha tampoco es lindo. Por eso es muy respetable que se quiera retirar campeón. Seguro que van a tratar de convencerlo, pero es él mismo el que debe estar convencido.
UN DESENLACE SUFRIDO
Está claro que con Boca quizás fue el peor partido de Banfield en el campeonato. Creo que los nervios lo ataron. Habrá tenido apenas dos o tres chances claras. Pero tuvo la suerte que a su escolta a Newell’s le pasó lo mismo. Obviamente jugó pensando en el resultado de Rosario. Tal vez no hubiera mantenido ese sistema rígido si su escolta estaba en ventaja ante San Lorenzo.
Al final del encuentro, la gente de Boca reconoció con aplausos a un merecido campeón. Es una cosa lógica: cuando se termina el partido, se termina todo. Aunque nos quieren hacer cree que todo es sangre y drama, no nos podemos preocupar tanto por el fútbol. Tiene que ser un pasatiempo que le brinde alegría a la gente. No hay que amargarse la vida si tu equipo pierde. O porque gana la contra. Hay cosas más importantes. El fútbol tiene que ser un placer.
Es lindo que se haya sumado un nuevo nombre a la lista de campeones. Me gustaría que todos los equipos dieran la vuelta olímpica al menos una vez para vivir su día de gloria. Que sean todos felices. Quisiera que festeje Gimnasia y Esgrima La Plata o Tigre que estuvo a un gol. Y así todo el resto.
Por otra parte, algunos cuestionan la legitimidad de un ganador de 19 fechas. Pero bajo estas circunstancias, yo estoy a favor de los torneos cortos. En los largos, en general gana el equipo más fuerte. De esta manera, todos tienen más chances. Como ocurre en las Eliminatorias, con un sistema que favorece a los poderosos, el que tiene más recambio, va a tener mayores posibilidades a lo largo de 38 fechas.
Lo de Banfield es una prueba de gran inteligencia. Conoce sus límites, trata de maximizar sus virtudes y esconder todos sus defectos para que el adversario no los encuentre. Armó una defensa ultra organizada. Tuvo la suerte de no sufrir muchas lesiones, salvo la de Bustos, y pudo manejarse con un plantel chico y una formación estable. Fue muy equilibrado, porque hasta cuando jugó mal no dio la sensación de ser un desastre.
Sacó dos puntos más que Newell’s, hizo bien las cosas y contó con un plantel muy profesional, consciente de sus posibilidades. Los que tienen esa virtud están mucho más cerca de llegar a lograr lo que pretenden, que aquellos que se creen mucho más de lo que realmente son.
Perdió sólo dos partidos (ante Racing y Boca) y ganó cinco de visitante, entre ellos a Independiente y San Lorenzo. Tiene un plantel sin grandes estrellas, que se destacó más grupalmente que por sus individualidades.
Hay que darle mérito, sumó más puntos, por lo tanto es el mejor.
Felicidades.







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